Ahora que ya no me humedeces las
sábanas, sino la mirada,
que los escalofríos no son por tus manos arrancándome
la ropa a trompicones,
es la rabia que
me recorre las venas cuando pienso en tu nombre.
Ahora que tu sudor no es el que
me alimenta ni tu recuerdo recorre mi cabeza
y se me torna en negativo la sonrisa
cuando digo con extrema
valentía
que ahora ya no me duelen ni los
labios,
ni los de arriba ni los de abajo,
porque no dejo que nadie me los muerda.
Ni lo necesito.
Ahora, que te me antojas extraño
y ajeno,
que no existe el miedo,
que solo hay odio de un recuerdo errante
que
se pasea por mi mente de cuando en cuando,
de noche en noche,
de vez en vez…
y
algunas veces de siempre en siempre.
Ahora es cuando cierro los ojos y
mi gesto frío y etéreo se vuelve eterno y te quiere, pero lejos. Lo siento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario