viernes, 3 de enero de 2014

Enrédate.

Se enfadó, igual que el pelo por las mañanas, como los auriculares en los bolsillos de un pantalón viejo, como las luces de navidad después de un año entero. 

Se enfadó porque al igual que ellos, a ella también la olvidaron, enredada entre sus propias dudas y sus pensamientos autolesivos en el fondo de un cajón. 

No quedó más que un par de fotos arrugadas, cartas escritas en tinta azul y poemas de un viejo y sabio escritor rimando absurdeces acerca de algo llamado amor. 

Y allí, rodeada de promesas fallidas, de siempres que se volveron nuncas, de nuncas que mintieron, de te amos desgastados de valor y significado...

De infinitos con fecha de caducidad

-Como esos yogures del fondo del pasillo de congelados, que era donde últimamente más cómoda se sentía-. Fría y  sola autoconvenciéndose entre botes de nata montada que ya no volvería a usar, que nadie necesita un bonito "buenas noches" para soñar. 

Porque al fin y al cabo, los sueños son suyos y de nadie más. 




No hay comentarios:

Publicar un comentario