miércoles, 26 de febrero de 2014

No busques héroes o espera decepciones.

Quiero ir al cine por la noche, en la última sesión del día y que me pase más tiempo pendiente de tus caricias que del argumento de la película. Quiero ir a beber contigo, a cualquier antro que nos de algo que nos queme la garganta cuando gimamos nuestro nombre más tarde y volver a casa de la mano, sintiendo miles de mariposas en la boca del estómago y nos riamos ebrios el uno del otro. Quiero amanecer enredada entre las sábanas y tu ropa, que estés a mi lado pero a la distancia justa para no agobiarme, pensando en qué coño se me pasó por la cabeza la noche anterior y en qué detalles puedo contar y cuales son solo para mi recuerdo. Quiero pasar un rato pensando qué ponerme para impresionarte, aunque a ti nunca te importe qué lleve y solo te interese quitármelo. Que conozcas cada lunar de mi cuerpo, cada poro y cada acción de mis labios al besarte, pero que no te atrevas a acercarte a mi corazón. Que sepas qué me gusta y qué odio, sin conocer cada secreto y cada demonio. 
No quiero que me intentes proteger, ni que hagas subir al séptimo cielo. No me quiero poner nerviosa, triste y ansiosa porque no me respondes a los mensajes que te dejo. No quiero depender de ti. Quiero que me guste lo mejor de ti y alejarme de lo malo, sin llegar a enamorarme de cada detalle. Quiero llegar a casa alegre por el tiempo que pasé contigo sin si quiera pensar en el que no pasaré junto a ti, porque estoy bien contigo, igual de bien que sin ti. 
No quiero que tu nombre se vea acompañado de nostalgia y jamás hablar de anhelo. 
No quiero amor, ni nada que me haga perder la razón. 
No quiero que vengas creyendo que tu misión es hacerme feliz, quiero que te quedes, sin mayor intención que compartir mi felicidad y tú quieras compartir la tuya. 

No te quiero héroe, te quiero compañero. 

lunes, 17 de febrero de 2014

¡Qué le jodan a la primavera!

Se me atragantan las horas y pienso si de verdad respiro más de dos veces al día, mi boca no lo nota desde que no te toca.
Ya no recuerdo tu voz ni me esfuerzo por acordarme de ella, pero una lágrima asoma cuando te pienso tan lejos, tan ajeno.
No eres más que esa cenefa de baño que ves todos los días de tu vida sin querer  y cuando aparece en otro cuarto de baño te invade un aliento de hogar y unas ganas locas de llorar, pero no es momento ni es lugar, otros calzoncillos decoran la alfombra de mi cuarto y disimulo errada con un “no me pasa nada” y acierto con el nada, fallo creyéndome que no me pasas.
Tú eres un cobarde desagradecido y desgraciado, que se parece pero no es lo mismo, ya te encargas tú de destacar muy bien la diferencia entre ambas. Yo, sin embargo una triste autocompasiva que odia la compasión y se muerde el labio y las ganas de tirarte al suelo y decir que me trata mejor tu ausencia de lo que lo hacía tu presencia. 
Fuiste el  viento que me movía y ahora tan solo eres aire que me molesta en la cara, me repito y sonrío, ignorando que suenan violines y me hablan de ti y de mí, que ya no hay futuro y procuro, que el pasado no me coja desprevenida con la moral distraída, no te regalo más que estás tristes líneas.
Y caigo al menos una vez al mes, ya ves. "Como una droga cortada, me endurece tu recuerdo y ahí me quedo", entre líneas vacías que me cabrean, no me quiere ya ni la poesía.
Hoy mis margaritas se marchitan y pienso: 

 ¡Qué le jodan a la primavera!.