viernes, 31 de enero de 2014

5 minutos más. -Por favor

Siempre ha sido arrogante en su caminar y nunca ha pasado por delante de un espejo al que haya ignorado. Un puto libro sellado que jamás he conseguido abrir, tan solo pude arañar alguna de sus frases en la mejor parte de nuestros capítulos. Y aún sigo sin saber cuando me miente y cuando se vuelve valiente, para hablarme con honestidad. 
Todavía no consigo descifrar qué hay detrás de esa mirada y cuando más cerca estaba de traducirle fui yo, de nuevo, el objetivo de sus ojos azul cielo.

Y entonces me miró y fue su forma de hacerlo. Siempre fue su forma de mirarme, incluso cuando no podía porque sus ojos no eran a mi a quien pertenecían.
Fueron sus ganas de salir corriendo detrás de mí, para placarme en mi huida hacia la autodestrucción, cogerme del brazo y decirme con esa voz -que todavía hace vibrar cada terminación nerviosa de mi cuerpo- un: "¿dónde vas sin mí, preciosa?" Y me reí, me reí como se ríe uno de las mañanas lluviosas, cuando miras por la ventana y sabes que te quedarás en casa aunque lo que realmente te apetece es salir a pisar charcos, tantos y tan fuerte que tu madre te reñirá, tanto y tan fuerte, por haberte manchado hasta el alma. Y a veces el alma es muy difícil de limpiar.

Pero fueron esos ojos, esas manos fuertes empujándome hacia su pecho, esa sonrisa tan honesta con un terrible matiz de maldad que me hicieron perder el norte y la cordura. Y salté, salté en él manchándome hasta más allá del alma. Me inundé de él, de sus ganas, de su risa, de los latidos que me cantaba su pecho cada noche al acostarse a mi lado. Me dejé caer en sus "te voy a comer a besos" y me enseño que comer también puede ser divertido. 

Era esa manía de pasar su mano desde mi frente hasta mi boca, haciéndome cerrar los ojos del impacto y agarrarme fuerte los labios, con rabia, como si me los quisiese arrancar y llevárselos con él.
Era la forma en la que sus ojos se tornaban cuando yo le abrazaba y me suplicaba que no lo hiciera como si fuese uno más. Nunca quiso ser uno más. Aunque él jamás me juró exclusividad.
Era ese injusto egoísmo de ser suya y de nadie más mientras él se divertía con mil muñecas con las que jugar.
Era su manera de obviar el tiempo que había pasado sin vernos y devolverme al mismo instante de ese beso, con solo una mirada, por su puesto. Que sus palabras me atrapan y me dejan sin voz, ni razón. Me anulan y me hacen sentir lo más valioso del mundo. Y es esta antítesis por la que me hace sentir suya por un momento y, aunque jamás haya querido un siempre con tal egoísta oportunista, siempre he adorado su capacidad para hacerme rogar eternidad a esos minutos mordiéndome los labios. 

En cierto modo estoy agradecida. 
En cierto modo, él y su mala praxi de conquista me hicieron reír. Me salvaron de esa huida a mi propia destrucción y por eso, 
Le debo mucho y le odio tanto... Que a veces le quiero sin querer. 

martes, 28 de enero de 2014

La suerte de mi vida


A veces cuando estoy en casa tirada en la cama te siento cerca y pienso "ojalá" ¿sabes ese dicho de nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde? bueno, pues yo no necesité perderte. 
Bien es cierto que siempre te admiré, a veces hasta el límite de la idealización, me enorgullecía tenerte cerca y saberte tan próximo a mí que se me llenaba la boca al decir tu nombre y se me engordaba el corazón cuando alguien se atrevía a elogiarte.

Eres sin duda lo más grande de mi vida. 

Hoy no sé si es un día especial, un día más o tan solo una excusa dictaminada por el calendario para pensarte, verme aquí, sin ti, que es muy parecido a estar sola, que a veces me haces mucha falta y tu ni te enteras, porque el simple hecho de que estés, me basta, siempre me ha bastado. Y me daba igual que fuese a mi lado, que fuese al otro lado del pasillo o la calle más abajo. Que no me importó cuando te fuiste porque tu ida tenía fecha límite de vuelta y volverías para hacerme llorar, a hacerme rabiar, a hacerme sufrir las noches que no llegabas y yo te esperaba despierta esperando con el alma en el puño a que sonara tu llave en la puerta y estuvieras bien. Y hoy daría lo que fuera por volver a esperarte despierta, solo para que volvieras. 
Y sí, es cierto, me has hecho llorar más que nadie, pero sin embargo, eres la única persona por la que he llorado que jamás me ha hecho daño. 

Eres sin duda lo más grande de mi vida. 

E intento quedarme con esa risa tan tuya, tan nuestra cuando la compartes conmigo, la capacidad de hablarme con tan solo mirarme, esa forma de ser feliz con lo más mínimo y contagiarme de tu sentido del humor, de tu energía y alegría. Y a veces pienso, cuando me pongo boba y me equivoco, que estás detrás de mi para decir "esta niña es tonta" y al rato venir a burlarte de mí consiguiendo un odio ficticio que en el fondo se traduce en volverme capaz de sacar algo positivo de mis errores.
Me has hecho crecer, me has enseñado más de lo que tú eres consciente, me has hecho vivir feliz y no sabes lo jodidamente difícil que es hacerle sonreír a esta reina de los dramas. 
Que tu palabra siempre tuvo más razón que el resto, que tus ideas siempre valieron más que cualquiera, que tus logros son los míos y tu felicidad, allí donde estés, será la mía aunque me deshaga por dentro no poderte ver. 
Te convertiste en mi modelo, mi guía, mi motivación y muchas veces mi alegría. Y me siento orgullosa, y cuanto menos afortunada de tenerte conmigo, y es que no sabes la suerte que he tenido de que, sin haberte elegido, hayas resultado tan bien.  

Gracias por enseñarme lo que es querer, por enseñarme el verdadero significado de echar de menos, aunque sea hacerlo hasta doler. 

Eres sin duda, lo más grande de mi vida. 

Feliz Cumpleaños. 

viernes, 24 de enero de 2014

Animales


Tal vez no te acuerdes de mí; 

De esa chica del final de la barra con la sonrisa torcida y la mirada perdida
quizá no te acuerdes de mi forma de llamarte 
de la súplica de mis pupilas por observarte más de cerca
ni del clamor de mis manos por tocarte
puede que no recuerdes mi aliento entrecortado siquiera,
mi manía de cogerte la barbilla antes de besarte
o de que me dibujaste un corazón con tu lengua

que hasta mi nombre olvidaste
al igual que cada vez que te volviste llamarada
quemando cada esquina de mi cama
 y me mintieras con ese "jamás he sentido esto antes"

y aunque cuando suene esa canción ya no la bailes
me basta con saber que cada vez que te mires la espalda 
y veas en tu piel  las cicatrices de mis ganas clavadas 
pienses si acaso esa noche nos volvimos animales. 






miércoles, 15 de enero de 2014

Parte 1.

La miró como un sediento mira un río correr, con deseo y misterio por si de sus labios se podría beber.
El reloj giraba en su muñeca como si el tiempo fuese un concepto nimio para él y se veía incapaz de centrar la atención en nada más que no fuera su piel, deseoso de saberse merecedor de tan dulce placer. 
Era hermosa, no cabía duda, y esa sonrisa que asomaba tímida por su comisura derecha, muriendo en un pequeño hoyo en su mejilla, le provocaba los más primitivos instintos suicidas, anhelando morir en él, también.  
Leía un libro con la mirada agachada y esas pestañas infinitas apuntando al cielo, y él, soñador, solo quería enredarse en ellas y protagonizar sus sueños. 
En cada latido sentía su corazón explotar en el pecho, sonaba tan fuerte que tenía verdadero miedo a que ella lo escuchase desde un viejo sofá de cuero, acurrucada, sintiéndose invisible de cualquier contratiempo. Por eso él se llevaba la mano al pecho, queriendo, por un segundo, parar el tiempo y volar hasta su pelo. 

Quería conocerla, saber qué leía, preguntarle cual era su lado favorito de la cama y la temperatura ideal del agua cuando se baña. Quería saber qué momento del día prefiere para mirar por la ventana, si le gusta el mar o prefiere la montaña.
Deseaba recorrer cada lunar de su cuerpo, dibujando constelaciones entre poro y poro -de poco en poco. Para que le durase más, para que fuese eterna y que los domingos se dejara acariciar la entrepierna. Besarle el ombligo hasta que le floreciese en sus ojos la primavera. Ser dueño de cada gesto de su cara y que a la vez fuese alma libre y jamás dejara de sonreír con tanta magia. 
Pero como tonto soñador él mismo se sabía, que no era más que un pobre loco enamorado de la más hermosa utopía. 

Escribiendo en sus apuntes una y otra vez: 
"No habléis de belleza sin haberla visto a ella". 

domingo, 12 de enero de 2014

Era.

Era un puñado de nubes,
sin luz, color y ni carga.
Un manojo de tallos,
sin pétalos y con espinas doradas. 
Era el vapor de una olla express 
cocinando una mirada bien salada. 
Un cuento con un final de mierda
que nadie quería releer de forma calmada,
-y mucho menos reescribir-. 
Era una rima mal sonante
un barco sin puerto donde varar. 
Era un suspiro entrecortado
una copa vacía en cualquier bar
Un juego interrumpido
por las -sin-ganas de jugar. 
Era un intento fracasado
de todo lo que siempre quiso ser
y nunca será. 

a veces solo necesita creer
y echar sus temores a volar. 



sábado, 11 de enero de 2014

Ahora.

Ahora que ni la luna me pide cuentas de las horas que paso despierta
contándole mis tristes penas a unas cuantas estrellas. 

Ahora que las barras de los bares se me hacen cada vez más largas
y las faldas se me antojan cada vez más cortas. 

Ahora que no comparto mis palabras y la lengua se me traba 
pero le enseño los dientes a todos los que me ladran. 

Ahora que ya no me importa el tiempo que haga fuera 
y solo me fijo cada cuanto se moja tu cara

                          - Por si esta noche nos llovemos juntos, lamiéndonos cada lágrima



viernes, 3 de enero de 2014

Magia










Enrédate.

Se enfadó, igual que el pelo por las mañanas, como los auriculares en los bolsillos de un pantalón viejo, como las luces de navidad después de un año entero. 

Se enfadó porque al igual que ellos, a ella también la olvidaron, enredada entre sus propias dudas y sus pensamientos autolesivos en el fondo de un cajón. 

No quedó más que un par de fotos arrugadas, cartas escritas en tinta azul y poemas de un viejo y sabio escritor rimando absurdeces acerca de algo llamado amor. 

Y allí, rodeada de promesas fallidas, de siempres que se volveron nuncas, de nuncas que mintieron, de te amos desgastados de valor y significado...

De infinitos con fecha de caducidad

-Como esos yogures del fondo del pasillo de congelados, que era donde últimamente más cómoda se sentía-. Fría y  sola autoconvenciéndose entre botes de nata montada que ya no volvería a usar, que nadie necesita un bonito "buenas noches" para soñar. 

Porque al fin y al cabo, los sueños son suyos y de nadie más.